Antes de anoche, mientras volvía a casa después de unas cuantas cervezas con amigos en los bares acostumbrados, refunfuñaba para mis adentros y me prometía no volver a ponerme tacones de mas de 7 centímetros para salir de copas, mientras subía unas escalinatas que hay antes de llegar a casa apretando los dientes a cada paso, cuando de repente un viento fuerte y fresco me empujó suavemente, refrescándome la nuca y ayudándome a caminar durante un trecho del camino.
Confieso que sentí una leve decepción cuando desapareció, pero pasó pronto. Me quedo con el dulce recuerdo de esa leve y placentera sorpresa.
Dicho.
Hace 1 año
3 comentarios:
Esas brisas suaves van y vienen pero son la sal de la vida...
Por cierto, churri, cámbiame el enlace que ha vuelto la Ninfa pecadora...
Besosss
Done, sweet baby.
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