jueves, 9 de febrero de 2006

Esencia de Mujer - Por una Cabeza



2 comentarios:

ARTURO KORTÁZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA dijo...

En un sólo segundo puedes disfrutar de una vida, o perderla como en un accidente de coche o puedes darle sentido a toda tu existencia, o puede que cambie todo para mejor o peor. Es lo que yo llamo la eternidad del instante, algunas personas viven toda una vida en un minuto, y les queda el resto de su existencia para contarlo. A mí me ocurrió algo parecido, hace quince años cuando acaba de aparcar mi coche y salíamos mi hijo que era muy pequeñito en la vía de servicio de la Avenida de Portugal en Madrid, se me congeló el tiempo, ví por un instante como un coche conducido por un borracho vino volando hacia nosotros a gran velocidad para aplastarnos con las ruedas a dos metros del suelo, pasó por mi mente toda la secuencia de mi vida a cámara rápida, y en un instante golpeó en el tronco de un árbol cercano y rebotó otra vez dentro de la autopista, nos llenamos de cristales, por unos pocos centímetros nos salvamos, por esa eternidad del instante puedo recordarlo. Pensé en ese momento que era como si el tiempo no existiese más que en mi imaginación, como un mecanismo inventado por mí para controlarlo todo, pero que en realidad vivo en ese presente eterno. En un sólo día un hecho puede salvarte la vida o puedes perderlo todo, incluso desaparecer del mundo. En el que la libertad y el destino no son más que eufemismos contemporizadores para justificar nuestros actos dentro de la correlación de lo hechos que no podemos controlar. Si lo analizas la vida se compone de unos poquitos días que lo cambian todo, en el trabajo, en el amor, en la salud y en la suerte. Porque después de ese instante eterno del presente, solamente nos queda el recuerdo que lo distorsiona todo que cambia con el paso de los años lo que hemos percibido lo amolda a nuestros deseos, porque la memoria es el mayor espejo de lo que somos.

Recuerdo que vi hace algo más de dieciseis años cuando se estrenó, la película protagonizada por Al Pacino, que representaba el papel de un Teniente coronel del ejercito del aire muy sabio, retirado y ciego en acto de servicio, que se titulaba Esencia de Mujer. Pues hubo una secuencia maravillosa, en una sala de fiestas en la que Al Pacino el actor principal era acompañado por un joven que cuidaba del ciego militar procedente de una escuela prestigiosa de adolescentes ricos, y sacaba a bailar un tango a una joven y bella mujer, con la dificultad que tiene sin poder ver nada. Ella al principio le dió a entender que esperaba a su novio y que era demasiado mayor para ella y que sería muy difícil poder bailar con su minusvalía, porque tenía miedo a cometer un error. El militar le contestó que lo mejor de una vida puede pasar en un instante y que disfrutarían juntos mucho de esos dos o tres minutos del tango y que los errores cometidos bailando se pueden corregir y seguir como si nada adelante, todo lo contrario que sucede en la vida que siempre hay que pagar un precio por ellos. A la mujer creo que jamás se le olvidará con absoluta certeza aquellos momentos, bailando el tango de Carlos Gardel Por una cabeza, aunque hayan sido en la ficción. Se te encoge el corazón de la emoción. Fue una escena sublime, de las que te ponen la piel de gallina, en la que nos dice el protagonista que le dieron un Óscar por su maravillosa actuación, en una secuencia que en un momento se puede justificar toda una vida, en el que un instante puede cambiarte todo una vida, en el eterno instante disfrutándolo y recreándose en él.

Puedes vivir más intensamente unos minutos que el resto de lo que te queda por vivir. Cualquiera puede ser feliz durante un tiempo y congerlarlo, lo complicado es serlo todo el tiempo, el secreto consiste en considerar cada instante una vida completa... Si no has visto el extraordinario film o si la has visto y ya no te acuerdas de la secuencia, te recomiendo que lo vuelvas a ver, vas a disfrutar de lo que te estoy diciendo, si sabes apreciar la esencia de las cosas como mujer que eres. Esa esencia que el protagonista a pesar de su ceguera captaba y sorbía como si fuera la fuente de la vida en el momento que estaba junto a una bella mujer... Por eso el valor de las cosas no están en la duración que tengan, sino en la intensidad en que se producen. Y la felicidad está en el aquí ahora, la elijes tú misma Sonia, decides previamente que vas a ser feliz aunque luego pase lo que pase, está en el presente, en el momento de la eternidad del instante, porque pensar en lo que ocurrirá después es vano, debido a que a lo mejor no ocurre lo que esperabas, y te lleva al desengaño. Y eso no ocasiona más que preocupaciones innecesarias, tensión, incertidumbre, ansiedad y estrés. Esa falacia del transcurrir del tiempo a lo que conduce es a una pérdida permanente de energías, de las ilusiones y esperanzas, del sueño, como un delirio o invención mental que nos atormenta.

ARTURO KORTÁZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA dijo...

En un sólo segundo puedes disfrutar de una vida, o perderla como en un accidente de coche o puedes darle sentido a toda tu existencia, o puede que cambie todo para mejor o peor. Es lo que yo llamo la eternidad del instante, algunas personas viven toda una vida en un minuto, y les queda el resto de su existencia para contarlo. A mí me ocurrió algo parecido, hace quince años cuando acaba de aparcar mi coche y salíamos mi hijo que era muy pequeñito en la vía de servicio de la Avenida de Portugal en Madrid, se me congeló el tiempo, ví por un instante como un coche conducido por un borracho vino volando hacia nosotros a gran velocidad para aplastarnos con las ruedas a dos metros del suelo, pasó por mi mente toda la secuencia de mi vida a cámara rápida, y en un instante golpeó en el tronco de un árbol cercano y rebotó otra vez dentro de la autopista, nos llenamos de cristales, por unos pocos centímetros nos salvamos, por esa eternidad del instante puedo recordarlo. Pensé en ese momento que era como si el tiempo no existiese más que en mi imaginación, como un mecanismo inventado por mí para controlarlo todo, pero que en realidad vivo en ese presente eterno. En un sólo día un hecho puede salvarte la vida o puedes perderlo todo, incluso desaparecer del mundo. En el que la libertad y el destino no son más que eufemismos contemporizadores para justificar nuestros actos dentro de la correlación de lo hechos que no podemos controlar. Si lo analizas la vida se compone de unos poquitos días que lo cambian todo, en el trabajo, en el amor, en la salud y en la suerte. Porque después de ese instante eterno del presente, solamente nos queda el recuerdo que lo distorsiona todo que cambia con el paso de los años lo que hemos percibido lo amolda a nuestros deseos, porque la memoria es el mayor espejo de lo que somos.

Recuerdo que vi hace algo más de dieciseis años cuando se estrenó, la película protagonizada por Al Pacino, que representaba el papel de un Teniente coronel del ejercito del aire muy sabio, retirado y ciego en acto de servicio, que se titulaba Esencia de Mujer. Pues hubo una secuencia maravillosa, en una sala de fiestas en la que Al Pacino el actor principal era acompañado por un joven que cuidaba del ciego militar procedente de una escuela prestigiosa de adolescentes ricos, y sacaba a bailar un tango a una joven y bella mujer, con la dificultad que tiene sin poder ver nada. Ella al principio le dió a entender que esperaba a su novio y que era demasiado mayor para ella y que sería muy difícil poder bailar con su minusvalía, porque tenía miedo a cometer un error. El militar le contestó que lo mejor de una vida puede pasar en un instante y que disfrutarían juntos mucho de esos dos o tres minutos del tango y que los errores cometidos bailando se pueden corregir y seguir como si nada adelante, todo lo contrario que sucede en la vida que siempre hay que pagar un precio por ellos. A la mujer creo que jamás se le olvidará con absoluta certeza aquellos momentos, bailando el tango de Carlos Gardel Por una cabeza, aunque hayan sido en la ficción. Se te encoge el corazón de la emoción. Fue una escena sublime, de las que te ponen la piel de gallina, en la que nos dice el protagonista que le dieron un Óscar por su maravillosa actuación, en una secuencia que en un momento se puede justificar toda una vida, en el que un instante puede cambiarte todo una vida, en el eterno instante disfrutándolo y recreándose en él.

Puedes vivir más intensamente unos minutos que el resto de lo que te queda por vivir. Cualquiera puede ser feliz durante un tiempo y congerlarlo, lo complicado es serlo todo el tiempo, el secreto consiste en considerar cada instante una vida completa... Si no has visto el extraordinario film o si la has visto y ya no te acuerdas de la secuencia, te recomiendo que lo vuelvas a ver, vas a disfrutar de lo que te estoy diciendo, si sabes apreciar la esencia de las cosas como mujer que eres. Esa esencia que el protagonista a pesar de su ceguera captaba y sorbía como si fuera la fuente de la vida en el momento que estaba junto a una bella mujer... Por eso el valor de las cosas no están en la duración que tengan, sino en la intensidad en que se producen. Y la felicidad está en el aquí ahora, la elijes tú misma Sonia, decides previamente que vas a ser feliz aunque luego pase lo que pase, está en el presente, en el momento de la eternidad del instante, porque pensar en lo que ocurrirá después es vano, debido a que a lo mejor no ocurre lo que esperabas, y te lleva al desengaño. Y eso no ocasiona más que preocupaciones innecesarias, tensión, incertidumbre, ansiedad y estrés. Esa falacia del transcurrir del tiempo a lo que conduce es a una pérdida permanente de energías, de las ilusiones y esperanzas, del sueño, como un delirio o invención mental que nos atormenta.

ARTURO KORTÁZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA